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Los amores de Alicia. Cap 14.

Diego

Mis rodillas

- Alicia

Publicado: 2017-05-19

Cuatro años me conectan con Diego, desde el día en que lo vi en una de sus exposiciones hasta la última vez que fui a su casa y olvidé mi collar.

Es tan larga mi historia con él que tal vez tengan que ser dos capítulos:  

Conocí a Diego en todos sus momentos y a todas sus personalidades: un día dulce y al otro agrío como un arándano. Por cosas como esas era que nos separábamos.

Tiramos la primera noche, semanas después teníamos una relación basada en el sexo y la “sinceridad”. Recuerdo haber disfrutado mucho con Diego, pero especialmente recuerdo un día en particular.

Un viernes en la tarde llamé a su casa para disculparme (lo había cancelado varias veces) y mientras hablábamos supe que no estaba solo. Diego comenzó a hablarme de Ana y de lo que sexy que era. Iniciamos una conversación bastante coqueta los tres. Entre risas le pedí su nombre completo para buscarla en Facebook, quería ponerle un rostro a esa voz inquietante. Ella hizo lo mismo. Diego me invitó a su casa y yo pasé al salir del trabajo.

Me abrió la puerta del departamento y lo primero que vi fue a Ana sentada en el mueble, llevaba solo un polo blanco y una cerveza en la mano. Diego sacaba otra cerveza del mini bar para mí. Yo no sé si sabíamos lo que pasaría esa noche pero la tensión llenaba toda la sala.

Conversamos de música, películas, ex novi@s, libros y demás cosas triviales.

- “Sí, y ahora estoy haciendo otros dibujos. De hecho los tengo ya casi terminados. ¿Quieren verlos? ¡Vamos a mi cuarto!”

Ni siquiera nos dejó llegar a la cama, nos sujetó fuerte, a mí de los pechos y a ella del trasero y nos acercó lo suficiente para que nos besáramos.

Le quité el polo blanco, su ropa interior era negra y sus pezones hermosos. Yo acariciaba a Ana y Diego a mí, de la misma forma, en una extrema coordinación. Jalaba su cabello, nalgueaba su trasero, y metía y sacaba mis dedos de ella a mi antojo. Recogimos nuestros cabellos, nos pusimos de rodillas y jugamos antes de comernos a Diego, las lenguas se encontraban y nos besábamos. Nos apoyamos en una pared y Diego levanto las piernas de Ana para comérsela. Ana y su rica cara me acariciaban el pecho. Luego me tocó a mí, era yo la que se lo estaba haciendo ahora, me concentraba para dejar de gemir, Diego me tenía de perrito y mojada. Lo mejor que tenía ese hombre era su pene.

Diego repartía su sexo y su amor mientras Ana estaba montándolo y yo sentada en su cara. Podía tocarla y sentirlo a él. Nunca había aguantado por tanto tiempo las ganas de venirme. Diego jaló una silla al lado de la cama y nos dejó juguetear mientras se pajeaba. Ana se vino en mi cara. Diego en mí.

Al terminar nada fue incómodo, estábamos tan a gusto con nuestros cuerpos desnudos que estoy segura de que hubiéramos podido pasar toda la noche abrazados. Ninguno quería irse.

Diego nos tomó una foto juntas. Me gustaría tener esa foto.

Él siguió en mi vida, pero Ana desapareció. No la vi más. Tampoco Diego a ella, creo que le fue difícil afrontar el hecho de que tal vez pueda querer a dos personas desnudas en una cama para siempre.

Te extraño Ana, mis rodillas están tristes sin ti. 


*Nombre cambiado para proteger a los verdaderos inocentes.


Escrito por

AliciaDulceAlicia

Hola, me llamo Alicia; sí, como la del cuento.


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