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Los amores de Alicia. Cap 6.

Andrés

“Hola, soy Andrés y seré el nuevo profesor.”

-Alicia

Publicado: 2016-01-28


Andrés tenía 35 años y una sonrisa que hizo que yo lo sedujera. Era divorciado y tenía una hija pequeña, pero eso no era un problema para mí, yo era una joven de 20 años que tenía pensamientos volátiles y pocas preocupaciones por el futuro.

No tenía expectativas de nada en cuanto a lo romántico, de hecho ya había decidido no volver a tener una relación. Me había vuelto muy tolerante y sexualmente más aventurera, estaba obsesionada por saber hasta dónde podría llegar mi moral.

Lo conocí en marzo, cuando sentada en la banca de un salón, lo vi entrar y presentarse:

- “Hola, soy Andrés y seré el nuevo profesor.” - Sonrió.

En mi caso fue un flechazo absoluto. Siempre he tenido ese tipo de flechazos, no necesariamente románticos o eróticos. Desde ese día quise saber todo de él: qué sentía sobre las cosas, cómo se comportaba en distintas situaciones, cuál era su lugar en este mundo…Hasta que un día me di cuenta de que simplemente no podía sacármelo de la cabeza.

Las clases con él eran 3 veces por semana y para mí solo existían esos días, los recuerdo bien: lunes, miércoles y viernes. Con el tiempo supe que se había vuelto popular entre las chicas así que decidí no perder más el tiempo. Fue algo muy irracional y primitivo, como si una fuerza incontrolable me empujara hacia él.

Di el primer paso: agregarlo al correo electrónico y hacerle preguntas estúpidas sobre sus clases. Las conversaciones estaban avanzando de un modo veloz. Y de lo virtual pasó a lo físico cuando me quedaba después de sus clases y hablábamos durante un rato. No sé en qué punto pasó de ser una conquista a un romance de verano. Yo en clase era su chica preferida, era cariñoso conmigo, encontraba distintas formas para prestarme atención. Él se sentía halagado y yo apreciada.

Con el tiempo las conversaciones empezaron a cambiar, empecé a notar una posición más dominante hasta que un día me pidió una foto…

- "Sería divertido ver una foto tuya antes de dormir"…
(Foto enviada) 
- "Ahora quiero una en donde salga tu pijama"…
(Foto enviada) 
- "Amaría verte sin polo"… 
(Foto enviada)
- "Necesito verte desnuda. Ya no puedo seguir imaginándote"…
(Foto enviada) 

Cada foto enviada me ponía la piel de gallina. Cuando él me mandó una foto de su verga yo solo deseaba con todas mis fuerzas poder tenerla. 

Lunes 10:00 a.m. Mi mensaje fue claro: 

"Te veo hoy a las 2:00 p.m. Pasa por mí. Necesito de ti".

Me recogió en su auto, me senté tímidamente y al segundo ya estábamos besándonos descaradamente, me tocó, me rozó, me mordió, me empujó, me jaló, me nalgueó, me dejo un chupetón y lo hacía repitiéndome: "Eres mía puta madre, ¿me escuchaste? Eres mía”. Media hora después estábamos en un hotel, entramos al ascensor en silencio, abrió la puerta de la habitación, volteó, cogió mi cabello y me besó dulcemente para luego tirarme a la cama, bajarme el pantalón y meter su lengua en mí. Juro que temblaba, me faltaba el aire, me faltaban manos para tocarme, no dejó nada de mí para después, empecé a moverme en forma circular hasta que encontré el placer perfecto, gemía, gemía y gemía, gritaba diciendo su nombre.

Cuando paró me miro a los ojos, sabía que estaba retándome, sonrió, me subí en él y lo monté, estaba tan arrecha, cogió mis caderas y empezamos a desarmar nuestros cuerpos violentamente, mis senos rebotaban, él los apretaba y me miraba a los ojos y llegó y llegué. Sentía que moría, que era imposible recuperar el aire.

Reímos mucho aquella noche en esa cama de hotel. A mí me seducía mucho la idea de saber que estaba follándome a mi profesor.

Creo haber tenido una relación con él, en verdad lo creo; aunque nunca planteamos ningún tipo de panorama para nosotros, pero lo sentía porque nuestros besos habitaban las esquinas más oscuras y secretas de la Universidad. De esto solo llegaron a saber amigos muy cercanos por una cuestión más vital; pero al final se convirtió en un peso que llevaba a todas partes y del que tuve que desprenderme para que no me ahogara.

Era algo muy obsesivo, enfermizo. Prácticamente todo giraba alrededor de él aunque yo no lo quisiera. En cierto modo, cuando se acabó fue muy liberador, como si me recuperara a mí misma después de un largo tiempo.

¿Sería la que soy ahora sin esta historia? No sabría decirlo. Habría sufrido menos, eso es seguro, pero sospecho que sería la misma persona.

Al final de todo no importaba quién fuera mi amante adulto, sino más bien qué razones se escondían en mi corazón, para decidir siendo tan joven a comenzar a meterme en relaciones tan peligrosas.


Escrito por

AliciaDulceAlicia

Hola, me llamo Alicia; sí, como la del cuento.


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